Así reza el texto publicado por la hermandad en sus medios de comunicación:

Cualquier cofrade sabe que no es lo mismo vestir de nazareno que serlo. El nazareno nace siéndolo incluso sin ser consciente, y con el paso del tiempo, se descubre a sí mismo y se construye. Un nazareno lo es toda su vida, aun cuando no viste la túnica, sea por su voluntad o no. Muchos empezamos a ser nazarenos por nuestros padres o nuestros abuelos; algunos por sus amigos o por propia convicción. Cada uno por sus motivos.

El mundo de los sentimientos es tan complejo y tan personal que es realmente difícil encontrar un único concepto a una sola palabra que, por si sola, sepa expresar que significa para un cofrade, para cualquier persona, vestir su túnica de nazareno.

¿Para mi? Pues mil cosas y muchas indefinibles, pero si tuviera que elegir, si tuviera que quedarme con una única idea que centralizara muchos de mis sentimientos elegiría sin duda aquella que, aunque no lo parezca recoge pasado, presente y futuro en nuestras vidas: reencuentro.

¿Quién no recuerda la misma ilusión del mismo momento de hace muchos años? ¿Quién no se reencuentra de corazón con aquellos que no están a nuestro lado porque ya viven con Cristo y María? ¿Quién no se acuerda de los ausentes por cualquier causa? ¿Quién no hace un mínimo examen de conciencia de nuestra vida, aunque sea casi efímero, cuando se siente solo entre la multitud? ¿Quién…

Si que merece la pena sentirse persona anónima entre tanta gente e ir sintiendo como, desde la soledad, la ilusión inicial se va tornando en cansancio y agotamiento, y como empiezas a preguntarte para que estas allí, y como tú mismo empiezas a hacerte preguntas y darte respuestas de vida, de tú vida.

Si que merece la pena. Claro que merece la pena reencontrarse con la túnica, con nuestra túnica. Probadlo, huid de comodidades por un pequeño rato.

De corazón, merece la pena.

Porque vestir el hábito nazareno es revertirse de amor, caridad y entrega a nuestros Sagrados Titulares.

Por tradición, porque mi abuela nos inculcó el amor por el Stmo. Cristo de la Exaltación y María Stma. de la Concepción Coronada, y hoy en día quiero acompañarlos.

Porque como anónimos seguidores de Cristo, hagamos pública nuestra Fe. No faltemos a la cita de cada VIERNES SANTO, llevando con orgullo nuestra túnica que nos unifica como Hermanos, nos identifica como Cofrades y nos distingue como Nazarenos del Santísimo Cristo de la Exaltación y María Santísima de la Concepción Coronada.

YO SOY NAZARENO, ¿Y TU?